Entrevista
Alberto Santolaria

Alberto Santolaria, doctor en Biología, divulgador y especialista en emprendizaje del medio ambiente.

“Ser respetuoso con el medio ambiente es un valor económico en alza. En la era de la comunicación en la que nos encontramos, las principales premisas son colaborar y contribuir para el desarrollo, siempre y cuando se anteponga el bienestar al beneficio”.

Una entrevista de Cristina Santolaria

Investigar, devorar información, sumergirte bajo las aguas cámara en mano para mostrar, ya en la superficie, los secretos y la belleza de la vida submarina. Montar imágenes, escribir, para después comunicar, compartir… Ciencia y arte en tu día a día como biólogo, empresario y divulgador ambiental; dos facetas que conviven armónicamente en tu vida…
Sí, la verdad. Todo esto se fue gestando en mí desde pequeño, como bien sabes. Creo que uno se engancha a su profesión antes de los doce años.
Vivíamos en Zaragoza. En la zona donde residíamos había cultivos de melocotones y, en aquellos años, se rociaban los cultivos con insecticidas de forma manual; pero una temporada les dio por fumigar DDT con avionetas. Una mañana, al levantarnos, vimos docenas de pájaros muertos en nuestro huerto. Aquella escena me produjo una tristeza inmensa.

Sí, ya me acuerdo….
Yo tendría entonces seis o siete años. Entonces me puse a hacer tumbas para los pájaros; los enterré y les puse una cruz a cada uno. Aquello fue la semilla. También por esos años comenzaba a devorar información sobre ciencia; porque no se puede definir de otra manera. Leía sin parar temas sobre tecnología; pero sobre todo sobre ciencias naturales. Lo que más me llamaba la atención eran los documentales: Félix Rodríguez de la Fuente, Cousteau, y Carl Sagan, tres divulgadores que, sin duda, con trece y catorce años, me marcaron profundamente. Movido por la sensibilidad que traía de niño, mi vocación de servir, de agradar y las ganas de parecerme a los comunicadores que me habían enseñado tanto, comencé a sentir la pasión de convertirme en divulgador, comunicador del medio ambiente. Quería que los demás sintieran las cosas que yo sentía. Quería sensibilizar a las personas sobre la necesidad de cuidar y respetar la naturaleza. A modo de símil, y con el paso de los años, me encuentro en un momento en el que siento que todos vamos en un barco; yo he bajado a galeras y he visto que hay una grieta y por esa grieta está entrando agua. Mi deber es subir a la cubierta y decir que hay una grieta y que el barco se está hundiendo. El problema es que la gente no se lo cree … es como el Titanic, el insumergible. Pero el barco se va a hundir si no nos ponemos en marcha; y hay que hacer acciones urgentes. Todos y cada uno de nosotros, desde dónde y cómo podamos, debemos y tenemos que colaborar. Estamos consumiendo recursos a un ritmo desbocado. Y con los nuevos países emergentes esto se va a multiplicar por diez. Hay una labor de obligado cumplimiento, y es reducir el impacto ambiental de hoy en día. No sólo es medio ambiente, ecología y reciclaje; se trata también de un aspecto económico y social. Hay que generar empresas que tengan impacto cero, educar a los profesores, a los empresarios; tiene que ser una reunión de soluciones a distintos niveles. Y en esas estamos ahora.

Alberto Santolaria en el Departamento de Botánica en la UPV/EHU. A la derecha en su primer día de buceo.

Alberto Santolaria en el Departamento de Botánica en la UPV/EHU. A la derecha en su primer día de buceo.

[/responsive]Como empezó todo. ¿Cuéntanos cómo empezó tu relación con el mar? Recuerdo tu habitación repleta de algas larguísimas colgando de las literas, de los armarios, de las hojas de las ventanas, de la bicicleta, de la tabla de surf… “secándose”, decías. Era como un laboratorio del mar; con el olor característico… llena de aletas, trajes de neopreno, cámaras, gafas de buceo, libros de biología y revistas; y manuales de vitaminas y detergentes ecológicos, Ah! y apuntes de control mental del método Silva. Ahora te confieso que cuando tú no estabas solía abrir la puerta de ese cuarto de la casa de la calle Villaondoeta y me quedaba un rato, observando, olfateando, buscando algún libro para leer, que, furtivamente, te “robaba”… Sí, realmente esa habitación que daba al balcón tenía un imán.
Sí, sí… Aún echo de menos algún título… Y la verdad, ese era mi mundo. En la adolescencia vivíamos en la costa. Solía ir a la playa por la mañana y volvía a casa a la noche. En ese momento podría decir que vivía en el mar. Estaba haciendo surf todo el día. Mientras tanto me cultivaba científicamente; lo que veían mis ojos era el mar, el agua. Hice la prestación sustitutora (que no la mili) en la Cruz Roja del mar. El mar era mi medio, no había nada más alrededor. Era algo ineludible en mi vida. Imprescindible. Yo tendría catorce años, dieciséis. Estaba en pleno éxtasis de la ciencia. Mientras mis amigos llevaban libros de Vázquez Figueroa, por citar alguno, yo me llevaba a la playa títulos como Introducción a la ciencia, La fotosíntesis, libros de Isaac Asimov, La tercera ola de Alvin Toffler, La conexión cósmica de Carl Sagan…. Estaba suscrito a varias revistas y colecciones de ciencia. Cuando empecé la carrera, me suscribí a varias más. Devoraba la información. Un día que no surfeamos, una tarde, como solemos decir, de mar plato, mis amigos y yo fuimos a darnos un baño, y decidimos llevarnos unas aletas y unas gafas de buceo. Ese día me pasaron dos cosas. Dos cosas que me marcaron. Esa fue la primera vez que me puse unas gafas y vi el fondo marino. Sucedió en el acantilado de Barrika… fue tal la visión…, algo que no se puede describir con palabras. En ese momento decidí, allí mismo, que me iba a dedicar al mundo submarino. El mundo submarino es una visión mágica. Los seres están en un movimiento distinto a lo que estamos acostumbrados. Tú ves moverse una árbol y se balancea de una manera; pero solo cuando hay viento, si no, está estático. Pero cuando te metes debajo del agua, todo danza. Allí no hay viento; pero hay un continuo movimiento. Ves las algas moverse y te quedas hipnotizado, y esa sensación no se te quita en la vida. Y quieres volver a vivir eso. Es increíble. Luego… los distintos colores. Entre las algas aparecen peces. Es un espectáculo impresionante y sorprendente: nunca sabes lo que va a pasar. Luego tuve otro impacto. Ese mismo día llevábamos también arpones; por la cosa de la pesca. Y decidí probar. Cogí el arpón, cargué la varilla para cazar un pez. Pesqué dos peces. Un muble y una mujarra. Pero me ocurrió una cosa que he compartido con gente que le ha ocurrido lo mismo. Es el momento en el que tú disparas y el hierro sale del arpón y atraviesa el bicho. Fue como si mi corazón se encogiera. Percibí la muerte del animal, de alguna manera… En ese mismo instante decidí que yo no me podía dedicar a la pesca submarina. Ver que un pez se está moviendo y, de repente, lo atraviesas con un arpón…Tienes que tener la mente preparada y yo, desde luego, no la tenía. Otra vez volvía a sentir esa sensación de tristeza, como con los pájaros. Así que decidí cambiar el arpón por una cámara de fotos, y luego por una cámara de vídeo.

Y se fue gestando una historia de amor…
En una de esas tardes, trabajando en la playa de Azkorri, decidí hacer un herbario. Recolectaba algas y las ponía entre hoja y hoja en unos muestrarios de telas que le cogía a mi madre, que entonces diseñaba y hacía ropa a medida. Recuerdo que en primero de carrera preguntaba continuamente a mi profesor sobre el nombre de cada alga. A él le sorprendía mi pasión por conocerlas. En esa época hice el curso de buceo. Descubrí a Juan Marra, mi instructor. Él buceaba con Costeau y nos encantaba oír todo lo que nos contaba. Durante esos días me enamoré de las algas: las secaba, las conocía, las observaba, buscaba que nombre tenían… Me interesé también por la botánica marina; compraba libros y aprendía mucho. Al año siguiente mi profesor de botánica me propuso un proyecto para el verano siguiente: el verano de 1991. Yo ya sabía lo que era bucear con botella, así que me propuso un proyecto que consistía en un viaje por toda la costa vasca buceando cada tres kilómetros para reconocer la flora marina de cada tramo. Ese viaje cambio mi vida. Pasé de conocer las algas a convertirme en un especialista en ellas. Me propusieron, además, pertenecer al equipo de biólogos, de ficólogos de la UPV/EHU, la Universidad del País Vasco, y ahí es donde empezó la parte científica. Recuerdo que en esos momentos tuve un periodo de resistencia. Yo no quería ser científico. No quería ver al mundo de las algas a través de la ciencia, porque, desde mi punto de vista, consideraba que la labor de divulgación y la labor de concienciación era más importante que la ciencia en sí misma. También por entonces comencé a grabar imágenes submarinas, y a producir una serie de audiovisuales con el ánimo de mostrar la belleza que albergaban y que albergan los fondos marinos. Quería sensibilizar a las personas sobre el respeto y cuidado de estos ecosistemas. En ello sigo.

Dibujo de Yaiza Santolaria, segundo premio del Programa Aztertu para conservación de costas y ríos.

Dibujo de Yaiza Santolaria, segundo premio del Programa Aztertu para conservación de costas y ríos.

Y nació Nakusarbe, y algo más.
Mi tesis versa sobre la flora, las algas que crecen en sustrato artificial. Una de las partes de la tesis era colocar baldosas de pizarra y de pvc en las rocas de Armintza y de Arrigunaga y ver cómo colonizaban las especies. Para colocar esas baldosas había que ir con sopletes, con piquetas… necesitábamos bastante gente para el trabajo. La persona que más me ayudaba, porque estaba siempre conmigo, era la que hoy es mi mujer, Mila Márquez, que en aquel momento era mi novia. La relación fue creciendo gracias al mar, y como escusa el mar. Se generó una historia de amor al mar mutua. Y creamos una asociación para la divulgación de la ciencia y la cultura y la promoción de la investigación e interés por el medio ambiente: Nakusarbe. Habíamos pasado una época trabajando en un acuario, pensando que podría ser un buen lugar para llevar a cabo mi trabajo de divulgación en la zona donde vivía, al tiempo que trabajaba de científico en la universidad; pero nada más lejos de la realidad. Allí vi lo que realmente es un acuario; y me llevé una sorpresa muy desagradable porque hay una mortandad altísima de animales, que pagan un alto precio porque la gente conozca lo que hay bajo el mar. La misión de un acuario no es divulgativa, es facilitar que tú veas unas especies; pero el precio que paga el medio ambiente, como digo, es demasiado alto. Yo cogía los animales, los llevaba al acuario y veía que muchos se morían en las peceras. Las personas tampoco valoraban el lugar. De nuevo sabía lo que no quería. Lo que no se debe hacer. Pienso que un acuario es el aspecto más negativo a la hora de divulgar. Considero que el medio audiovisual es mejor. Con Nakusarbe podíamos llevar el mar a los ciudadanos, a la gente de a pie, con el menor coste ambiental posible. Comenzamos produciendo documentales submarinos: yo buceaba, recogía imágenes con la cámara de vídeo y, junto con Mila, periodista de profesión, las montábamos, escribamos los guiones y poníamos música a las imágenes. Es cuando me di cuenta de que los fondos marinos se mueven a ritmo de jazz. Me he emocionado mucho montando imágenes con los temas de Joshua (Joshua Edelman).

Joshua Edelman. Yo también me he emocionado mucho con esta experiencia, por mi condición de músico y amante del mar. Y sigo emocionándome con vuestras producciones, porque me doy cuenta de lo profunda que es esta conexión entre los ritmos de la naturaleza y los ritmos del jazz, que tiene su origen en la música africana; seguramente inspirada en esos mismos movimientos de la naturaleza.

Joshua Edelman y su proyecto "Manhattan Bilbao Jazz-Zubia"

Científico versus divulgador. Recuerdo el día que expusiste la tesis ante el tribunal. Disfrute tanto… No sólo por la precisión y el ingente conocimiento con el que describías la flora del intermareal y submareal… sino por cómo lo contabas. Tan cercano y ameno presentándonos especies de nuestra costa vasca como Corallina elongata, Mesophyllum lichenoides, Echinaster sepositus… Mientras te escuchaba observaba las caras de interés y admiración de los miembros del tribunal examinador Alberto, aprovechando que te tenemos aquí quería cotejar contigo…, es un honor tener la oportunidad de poder escuchar el resultado de tantos años de investigación, de tantas y tantas horas recogiendo datos y muestras bajo el mar… te decían.
Si, la verdad fueron muchas horas de laboratorio, de inmersiones….He tenido la suerte de pasar mucho tiempo bajo el mar. Pero hoy en día puedo decir que mi corazón, mi alma, es más divulgadora que científica. Después de veinticinco años como científico mi impulso interior para divulgar ha ido ganando terreno, hasta que hace unos años me planteé realmente ¿para qué estoy aquí? Veo problemas en el mundo y no me puedo quedar con los brazos cruzados delante de un microscopio. He visto cosas que otros no han visto. Me sentiría vacío si me siguiera quedando delante de ese microscopio, y de un ordenador, estudiando por qué un alga vive en un sitio y no en otro. Está claro que alguien tiene que hacerlo. Yo lo he hecho, pero ahora necesito dedicarme por completo al emprendizaje de proyectos medioambientales. Y a la divulgación. Tengo un conocimiento científico que lo considero como un valor.

Y te has puesto de nuevo manos a la obra con el proyecto, Agua sin plásticos & Salud del Planeta (aguasinplasticosalud.es), un lugar de encuentro y comunicación entre personas emprendedoras sensibilizadas con la regeneración de nuestros mares y con la salud del ser humano y del planeta. ¿Cuál es la misión de esta nueva herramienta?
Hay tres aspectos que me impulsaron a emprender este proyecto. Por un lado, como científico e investigador me preocupa, como os he dicho, la calidad del agua que beben las familias, que bebo yo, y el efecto sobre la salud de beber agua clorada del grifo. Por su parte, el agua embotellada en plástico no es un buen remedio, ni para las personas ni para el medio ambiente, por los residuos que genera y por los efectos indeseados sobre nuestra salud. Como divulgador me siento en la necesidad de trasmitir un problema de alcance y consecuencias poco conocidas. Creo que falta información sobre este tema. En otros países como Alemania, Francia, Estados Unidos, los Países Nórdicos… están manos a la obra en la búsqueda de soluciones sostenibles al problema de la calidad del agua. Mi misión es facilitar la información disponible a través de conferencias, aulas del mar, producciones audiovisuales, cursos, talleres… Como emprendedor y couching de medio ambiente investigo y trabajo para intentar ofrecer soluciones sostenibles y saludables a los problemas del efecto de la mano del hombre sobre el planeta; algo por lo que he estado estudiando y peleando toda mi vida. Me produce una gran satisfacción dedicarme a ello. A la vez considero que ser respetuoso con el medio ambiente es un valor económico en alza. En la era de la comunicación en la que nos encontramos, las principales premisas son colaborar y contribuir para el desarrollo, siempre y cuando se anteponga el bienestar al beneficio. Estamos en un momento en el que las buenas acciones con respecto al medio ambiente pueden y van a convertirse en un negocio rentable y sostenible.

Así que es posible el emprendizaje verde… De hecho es ya una realidad, y una gran necesidad. Pero existe alguna forma de contribuir, de forma individual, a eliminar el plástico de los mares?
La facultad y la libertad de elegir es el mayor don del ser humano. Yo he elegido la vía del emprendizaje verde porque lo considero una forma de desarrollo personal y profesional de acuerdo a mi sistema de valores. Lo veo como un imperativo ético. Vivimos en un planeta de recursos finitos; es nuestra casa, mi casa y quiero contribuir a mantenerla sana y limpia. Veo la Tierra como un ser vivo lleno de conexiones: cada acción cuenta, las buenas y las malas; por eso quiero aportar mis conocimientos y mi experiencia para emprender esta singladura.
Actualmente, desde Agua sin Plásticos & Salud del Planeta, estamos trabajando en el proyecto “Bebo agua sin plásticos mientras contribuyo a la regeneración de los mares”. Se trata de una iniciativa que promueve la información sobre la calidad del agua del grifo y las alternativas que existen para beber agua de calidad directamente del punto de uso; una de las más saludables y sostenibles sería la instalación de filtros adecuados. Una buena alternativa a las botellas y a los dispensadores de agua a base de bidones de plástico. Beber agua directamente del grifo, purificada con este tipo de sistemas, garantiza la calidad del agua mientras contribuyes activamente a la eliminación del plástico en los mares y a la salud de los ecosistemas. Se sabe que el 90% del coste del agua embotellada es la botella y los costes derivados del proceso de embotellado, embalaje, transporte y marketing. Hay un porcentaje elevado de botellas que tras su uso no se reciclan. Estos plásticos acaban en incineradoras que emiten a la atmósfera, en su proceso de combustión, Co2 y dioxinas. Otra parte de las botellas usadas van a parar a vertederos, aumentando así el ya problema del coste de la gestión de los residuos, uno de temas más preocupantes (si no el más) de la relación del ser humano con el medio ambiente. Hay un último grupo de envases que van a parar directamente a nuestro alrededor, (la calle, los parques, las autopistas y carreteras, las playas…) de la mano de personas inconscientes y sin ningún tipo de empatía con el sentimiento de respeto al ser humano y al futuro de sus hijos. Estos residuos, tarde o temprano, van directamente al mar a través del ciclo natural del agua. Hay que seguir insistiendo, informando, hasta que todo el mundo se haga responsable del alcance y de la solución del problema.